El viento es una consecuencia de la radiación solar. Las diferencias de insolación entre los distintos puntos de la Tierra generan diferentes áreas térmicas y los desequilibrios de temperatura provocan diferencias de densidad en las masas de aire, que se traducen en vibraciones de presión. El aire, como cualquier gas, se mueve desde las zonas de alta presión a las de baja presión. Se establece así cierto equilibrio por transferencia de energía entre las zonas de diferente temperatura, lo que ocasiona un desplazamiento de masas de aire, produciendo el viento. De esta forma, se podría definir el viento como una corriente de aire resultante de las diferencias de presión en la atmósfera, provocadas en la mayoría de los casos por variaciones de la temperatura. Sin embargo, la circulación de las masas de aire está determinada por la resultante de todas las fuerzas que actúan sobre ellas. Estas fuerzas son: FUERZA DEBIDA AL GRADIENTE DE PRESION: acelera el aire cuando se establecen variaciones de presión FUERZA GRAVITACIONAL: produce una aceleración igual a la aceleración de la gravedad. FUERZA DE ROZAMIENTO (TAMBIEN LLAMADA DE FRICCION): acelera el aire debido a gradientes de viscosidad; adquiere importancia en la capa de la atmósfera más cercana a la superficie de la Tierra. FUERZA DE CORIOLIS (TAMBIÉN DENOMINADA FUERZA DE DEFECCIÓN HORIZONTAL): Describe los efectos producidos por la rotación de la tierra.