Cada vez que sobre un sistema determinado se realiza un trabajo acompañado de una modificación, sea de su posición, de su movimiento propio, o incluso de su condición molecular, esta realización procura a dicho sistema la capacidad de hacer el trabajo, o sea, le suministra energía. Todas estas energías pueden transformarse continuamente una en otra. Así la energía calorífica puede transformarse en energía cinética, lo mismo que la energía mecánica puede convertirse en energía térmica; el calor puede transformarse en reacción química y, a la inversa, una reacción química puede procurar calorías. La energía eléctrica se transforma continuamente en energía mecánica o en energía calorífica. En la energía nuclear, únicamente, la desintegración del átomo engendra calorías, pero sin que lo contrario sea posible. Cuando se transforma en trabajo, la energía utilizada pierde siempre cierto porcentaje de su capacidad: hay una perdida en la modificación, el rendimiento no es integral. En el conjunto del universo existe degradación constante de la energía. Entre las energías básicas, potenciales, se distinguen principalmente: • la energía mecánica • la energía térmica o calorífica • la energía eléctrica • la energía nuclear o atómica • la energía química
En el siglo pasado los beneficios sociales derivados del uso de la energía superaron cualquier objeción planteada por el impacto o repercusión en el medio ambiente que dicho uso suponía. No así en las últimas décadas, en especial en los últimos quince años, en los que surge en toda su magnitud el angustioso problema de la contaminación y degeneración ambiental causado por una utilización inadecuada e incontrolada de la energía. Quizás la cuestión sea no cómo llegar a producir cada vez más energía, sino como evitar necesitar cada vez mayores cantidades de la misma, aprovechando eficaz y racionalmente las fuentes energéticas renovables que nos ofrece la Naturaleza.
