Las fuentes de energía renovables son aquellas que proceden del flujo de energía que recibe continuamente la Tierra, y que tiene su origen en el Sol, aunque en ciertos casos existe una cierta contribución de los campos gravitatorios terrestre y lunar. La diferente distribución de la energía solar en la atmósfera influye a sí mismo en el movimiento de las masas de aire. Cuando el aire se calienta tiende a subir y es rápidamente sustituido por aire más frío, fenómeno que constituye el origen de los vientos. Por consiguiente, la energía eólica, o energía contenida en el viento es una forma indirecta de la energía solar y, por tanto de naturaleza renovable. Otra parte de la energía solar que penetra en la atmósfera es absorbida por las plantas verdes para su crecimiento, que la almacenan en forma de energía química. Este es el primer eslabón de lo que se conoce como energía de la biomasa que se extiende posteriormente a todos los seres vivos e inevitablemente esta contenida en los diferentes de residuos orgánicos que aquellos generan. Por su parte la energía contenida en el interior de la Tierra o energía geotérmica tiene su origen remoto en el Sol. Muchas veces se considera esta fuente de energía como no renovable dado que no es debida al flujo energético continuo procedente del exterior de la Tierra. Sin embargo la continua disipación de la misma debida, entre otras razones a la fricción de las rocas internas de la corteza terrestre, hace que su flujo se puede considerar prácticamente inagotable por lo que se estudia como fuente renovable en diversas ocasiones. Cuando el agua de mar absorbe la energía solar, se evapora y pasa a la atmósfera. Sin embargo, después de un cierto tiempo vuelve a caer en forma líquida o sólida acumulándose a diferentes alturas sobre la Tierra. La energía potencial que poseen estas masas de agua situadas a cierta altura se transforma en energía cinética al precipitarse hacia más bajas. A la energía contenida por el agua en las condiciones citadas se le denomina energía hidráulica y se trata, evidentemente, de una fuente renovable de origen solar. Finalmente la acción sobre los océanos de las fuerzas gravitatorias de la Luna, del calor solar y de los vientos origina, respectivamente, tres manifestaciones de la energía del mar: mareas, gradientes térmicas y olas que debido a los fenómenos implicados se pueden considerar a sí mismos energía renovable.